jueves, 21 de mayo de 2009

FRAGMENTOS DE UN DISCURSO MASÓNICO.


Mis queridos amigos, biehechores, indiferentes, curiosos y "adversos"...tutti quanti:

Os informo de que ya está disponible el librito FRAGMENTOS DE UN DISCURSO MASÓNICO.
A mi juicio bellamente ilustrado gracias a la generosidad de SEBASTIAN UTRERAS, y pulcramente editado por masonica.es en cuya web lo podéis obtener en formato electrónico o bajo pedido, en papel.

El libro es una colectanea de textículos que tejen un discurso fragmentario, porque me parecería excesiva soberbia pretender una "Summa", un "Sistema" o un "Tratado" en cuestiones tan subjetivas y sutiles como estas que tienen que ver con la geometría de nuestra vida.

Nonobstante, detrás de los fragmentos se podría tratar de componer una cierta estructura subyacente.

Os pido perdón de antemano por lo que de presuntuoso puedan tener -por lo escuetos y lapidarios- algunos de esos fragmentos que expresan convicciones fuertes, fruto de mis experiencias y de mi perspectiva, pero que sólo a mí me comprometen.

Reitero aquí los agradecimientos que he hecho en el libro a mis hermanos y hermanas de logia Manuel Iradier nº 26 (GLSE), que me acompañan y sostienen, a Icíar, mi mujer, a José Luis y Ascensión, a José Antonio y Ev, a Fernando y Maria Luisa.

Javier Otaola - Escritor

jueves, 9 de abril de 2009

INCORPORACION DE LA MUJER A LA MASONERIA


Archivo historico de Santa Cruz de Tenerife
---
A lo largo de los nueve años que desempeñe funciones representativas de la Gran Logia Simbólica Española, una de las preguntas más recurrentes que me han hecho los periodistas y entrevistadores en los medios de comunicación ha sido, y sigue siendo, «¿Qué siente una mujer en una escuela de perfeccionamiento tan característicamente masculina?»

A menudo se me pide que aporte mis puntos de vista y mis vivencias en el seno de la Masonería en tanto que mujer. La verdad es que este ejercicio no me resulta nada fácil. Primero porque me veo obligada a hablar de nuestra Institución, no como un ente ante mis ojos del que puedo dar datos objetivos, contar las cosas que me rodean en mi vida masónica o hablar de su historia, etc., sino como una experiencia de la que deberé transmitir aquellos sentimientos e ideas suscitados en lo cotidiano de mis relaciones con mis hermanos, con mi logia o con el propio método masónico, distinguiendo de entre esos aspectos los que son exclusivamente relevantes de mi condición específicamente femenina. Y segundo, porque la aventura de la mixticidad en la Gran Logia Simbólica Española es aún muy joven y no puede compararse con las de otras Obediencias europeas que tienen más de cien años de experiencia como masonería mixta o como femenina.

Esta juventud implica una constante evolución de esta opción de trabajo que va permitiendo relecturas e interpretaciones nuevas a cada paso que damos y no podemos pretender sacar conclusiones definitivas haciendo un estudio de la situación en un momento dado. Además, la libertad que tiene cada logia de determinarse en sus modos, sus proyectos y sus sensibilidades, produce una variedad tan rica en relación con la inserción de la mujer en los talleres, que mi experiencia no es en absoluto extrapolable o generalizable.

Estas explicaciones previas no las hago porque me niegue a relatar mis sentimientos en mi ejercicio masónico, que en absoluto. Más bien lo que intento es evidenciar lo fútiles que serían estos intentos para abordar seriamente los aspectos verdaderamente trascendentes de la cuestión.

ALGUNAS CONSIDERACIONES HISTÓRICAS

Empezaremos situando la cuestión desde un punto de vista histórico.

Tenemos que reportarnos al periodo de la transformación de la Masonería operativa en Masonería especulativa para comprender cuál era la situación de la mujer en aquella época. En los siglos XIV y XV las mujeres no eran libres y dependían siempre del varón, salvo excepciones como las reinas o las abadesas o algunas señoras de la nobleza, principalmente viudas, con importantes patrimonios. Las mujeres no participaban en la sociedad; eran invisibles para ésta, ya que todas las decisiones importantes eran tomadas por el varón. Por ello fue normal que en aquellos momentos las mujeres fuesen excluidas de los gremios de canteros y talladores de piedra, y por supuesto, como consecuencia, de las logias, que era donde se discutía y se tomaban las decisiones relativas a los oficios.

Hay algunos datos que nos dicen que algunas mujeres participaron y compartieron el trabajo de los hombres en el gremio de la construcción. Hay constancia de ello en los roles de las canterías que les dieron trabajo. Así se han encontrado registradas mujeres en Durham y Carnarvon, Gran Bretaña, en 1337.

Está documentada la presencia de mujeres en las corporaciones de constructores medievales de París (1292), Chester (1327), York (1350), Norwich (1375) o Würzbourg (1428-1524), y es muy conocido el caso de Sabine Steinbach, hija del maestro de obra de la catedral de Estrasburgo y escultora en el propio Estrasburgo y en Marburgo (Saunier, p. 294; Ligou, p. 454).

El Reglamento de la Gran Logia de York, datado el 23 de octubre de 1696, reproduce en un manuscrito de la Logia nº 236 del mismo nombre, respecto a la forma de llevar a cabo la recepción de un aprendiz: «Aquel o aquella que debe ser hecho masón coloca las manos sobre el libro, y las instrucciones le son dadas». Vemos en este texto que la persona que se está iniciando puede ser varón o mujer y que, además, en ese acto se le transmiten los secretos de la Masonería sin que exista discriminación por el género.

Pero pienso que todos estos casos fueron anecdóticos, ya que cuando se redactaron las Constituciones de Anderson en el año 1723, éstas dicen así: «Las personas admitidas como miembros de una logia deben ser hombres de bien y leales, nacidos libres, y de edad madura y circunspectos, ni siervos ni mujeres, no hombres sin moralidad o de conducta escandalosa, sino de buena reputación».

Cincuenta y un años después, el 10 de junio de 1774, el Gran Oriente de Francia autorizó oficialmente las logias de adopción. Estas logias eran creadas por la Masonería masculina para las mujeres bajo la permanente tutela y vigilancia de miembros de la Masonería masculina, que eran los que presidían sus reuniones. En ellas las mujeres se dedicaban principalmente a la caridad y a organizar los actos de la Masonería masculina. Tengo mis dudas sobre que en estas logias se realizase realmente un trabajo iniciático masónico.

El 14 de enero de 1882 nace la primera obediencia mixta, la Orden Masónica Mixta del Derecho humano, y en ella empiezan a trabajar varones y mujeres en pie de igualdad. La logia Los Libres Pensadores, al Oriente de Pecq (Francia), inició a María Deraismes, que fue una periodista y feminista relevante. Más tarde se iniciaron un grupo de mujeres con la colaboración del senador Georges Martín.

Según nos cuenta profesor Pedro Álvarez en su libro La Masonería: escuela de formación del ciudadano, “en España fue importante el papel de algunas masonas librepensadoras como impulsoras del movimiento feminista. Entre ellas se encuentra Belén Sárraga, que nació en Málaga y trabajó muy activamente a favor del feminismo dentro de la Masonería: «Aunque no conocemos la logia, ni el lugar, ni la fecha de iniciación, su militancia masónica esta fuera de toda duda”. Entre otros documentos masónicos, existe constancia de las actividades masónicas de la hermana Justicia, pues tal era su nombre simbólico, en los libros de la logia Constante Alona de Alicante». Ángeles López de Ayala nació en Sevilla en 1856 y perteneció a la logia masculina Constancia de Gracia de Barcelona, llegando al grado 30 y ocupando los cargos de secretaria y oradora. También están Rosario Acuña, Amalia y Ana Carvia, de Cádiz, y Clara Campoamor, que el 1 de octubre de 1931 consigue que se apruebe en las cortes el voto femenino en España, que queda recogido en la Constitución de 1931 (en su artículo 36)

Aunque las mujeres que entraron en la Masonería trabajaron muy activamente, fueron muy pocas en número. Todas ellas reivindicaron la igualdad de derechos entre varones y mujeres dentro y fuera de la Masonería, así como la importancia de que la mujer recibiese una educación que le permitiese poder tomar sus propias decisiones con un mayor conocimiento. Pero la Masonería siempre ha sido (y hoy en día sigue también siéndolo) mayoritariamente de varones. En España es a partir del año 1993 cuando la mujer se incorpora en pie de igualdad con el varón dentro de la Gran Logia Simbólica Española.

Ejercer la libertad de pensamiento supuso para ellas luchar por la igualdad de la mujer en los mismos campos que el varón: la universidad, el Congreso, los círculos intelectuales, etc. En aquellos momentos la mujer española se hallaba por delante del resto de Europa en lo que se refiere a su equiparación al varón, y estas conquistas fueron principalmente conseguidas por algunas de estas mujeres que lucharon con tanto denuedo en esta causa. Con la dictadura perdimos todo lo conseguido y nos quedamos muy por detrás del resto de Europa.

Volviendo a citar al profesor Pedro Álvarez nos dice en su libro La Masonería: escuela de formación del ciudadano que “también hubo varones masones que lucharon en aquellos momentos junto a sus hermanas masonas por que la mujer tuviese una dignidad como individuo y ocupase el puesto que le correspondía en la sociedad. Esta preocupación por los derechos de la mujer dentro de las logias de la época permite hablar de que se practicaba un feminismo masónico, defendían la emancipación de la mujer y trataban de separarla de lo que ellos pensaban que era su principal opresor, la religión. Debatían sobre la importancia de que recibiese una educación para prepararla y que pudiese realizar un trabajo en igualdad de derechos”.

Un acercamiento más responsable al tema que nos convoca hoy: LA MUJER EN LA MASONERÍA, exigiría examinar previamente al menos los dos siguientes aspectos:

1) la cuestión iniciática: ¿Por qué la cuestión iniciática? ¡Pues porque si la mujer reclama su derecho a participar en la Masonería, y el aspecto iniciático en ella es el fundamental, deberemos entender con total comprensión qué cosa estamos mentando cuando hablamos de Iniciación, para saber si este camino le va o no le va a la mujer.

2) relevancia del género en la Tradición Iniciática: ¿Es la Tradición Iniciática un interés humano que responde a un rasgo característico de nuestra especie, o su aparición es fortuita y/o gratuita? Y si se debe a la naturaleza misma del ser humano ¿determinaría el sexo modos distintos de abordar este interés?

Quizás, con esta base previa podríamos dar una mejor respuesta a las preguntas que subyacen en esta temática de la incorporación de la mujer al mundo masónico. Teniendo en cuenta que este mundo masónico es tremendamente heterogéneo, se han elaborado toda clase de explicaciones: desde las que niegan a la mujer su capacidad para ser iniciada hasta las que no conciben que una iniciación pueda ser verdadera si no se contempla el trabajo desde la más absoluta complementariedad. La mayoría de estas explicaciones han intentado dar respuesta a una serie de preguntas que podríamos resumir en la siguiente lista:

¿Es relevante la condición de mujer en la Francmasonería en la medida en que ésta es una vía iniciática?
¿En cuales otras dimensiones que componen la realidad actual del mundo masónico pudiera ser relevante el sexo de un hermano masón?
¿Es la masonería un camino iniciático específicamente masculino, y por tanto, necesariamente antipático para la mujer?
¿La presencia de hermanos de sexo opuesto en los talleres masónicos, representa un factor perturbador o desestabilizador para el conjunto?
¿La presencia de la mujer en las logias mixtas conducirá obligatoriamente a una modificación de los contenidos, los hábitos y los modos del quehacer masónico?

I ) LA CUESTIÓN INICIÁTICA

Mi acercamiento a la cuestión va a ser principalmente de carácter ontológico y por lo tanto previo a la formulación de tales anteriores preguntas. Y me veo obligada a ello porque, como decía antes, la característica fundamental de la Masonería es su dimensión iniciática que es la que justifica y vertebra todas sus otras expresiones. Toda obra humana, consciente o inconscientemente, es subsidiaria de la arquitectura ontológica del ser humano. Esto es una obviedad que conviene recordar. Cuanto más, un método iniciático cuyo objetivo es, precisamente, hacer visible y manejable nuestra más íntima urdimbre, para que sobre ella podamos tejer nuestra propia trama. Me interesa abordar la cuestión iniciática desde este ángulo para resaltar primero que esa urdimbre ontológica es exactamente la misma para todo ser humano sea cual sea su sexo, etnia o cualquier otra diferencia que se nos antoje considerar e independientemente de la historia que queramos tejer entre sus hilos; y segundo, porque parto de la premisa de que una vía sólo es iniciática en la medida en que nos ayuda y nos enseña a bregar con esta urdimbre.

Quizás tengamos que remontarnos a los albores de la humanidad para imaginar en que momento pudo nacer en el ser humano ese afán de búsqueda, de conocimiento y de comprensión tanto de su entorno como de sí mismo. Theilhard de Chardin situaba este punto de inflexión en la evolución de las especies en la aparición de la REFLEXIÓN. De golpe, el hombre toma consciencia de sí mismo y se ve a sí mismo en su propio entorno. Entonces se interroga por el sentido de su vida y de sus actos. Esta reflexión lo lleva a preguntarse por lo que está detrás de los fenómenos que ve, adivinando que ese mundo de cosas al que se enfrenta no es más que la última apariencia de unas causas ocultas que de momento le son inalcanzables pero a las que ya empieza a poner nombres. Poco a poco va construyendo un “SENTIDO” donde encajar los significados. Se interroga por el sentido de la vida y por su propio “SER”. Desde entonces el humano va en busca de su ser, el concepto “ser” invade su lenguaje y se refiere a sí mismo como “SER HUMANO”.

Podría decirse pues que el corolario de la reflexión, es decir, de aquello que produjo la propia especificidad humana, es el ser.

El ser humano es un SER-EN-EL-MUNDO, mundo al que se enfrenta y del que depende. Ni el hombre ni la mujer escapan a esta primera contingencia.

Ser humano, cuya permanente y primera tarea es su consustancial pre-ocupación por ser-ya-siempre, por culpa de esta reflexión, un ser que se contempla a sí-mismo frente al mundo con su precariedad a cuestas. Y esto es así tanto para el varón como para la mujer.

En este “PRE” de su ocupación, de su cuidado, se halla la raíz de su ontológica necesidad de asirse en su más genuina originalidad que en cada momento YA ES. Y esto es así tanto para el varón como para la mujer.

Otra determinación que arrastra nuestro SER, por la misma razón, es el verse conducido a la comprensión. Nuestro ser es un SER-COMPRENSOR, nuestro mirar es un mirar capaz de DARSE CUENTA, no sólo del mundo en que vivimos, sino de nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ideas y nuestra valoración de nuestra manera de estar en el mundo. Y esto es así, tanto para el varón como para la mujer.

Pero el ser humano vive sumido en su cotidianidad en un mundo que le ofrece ocupación sin el “PRE”, a cambio de sacrificar su originalidad, su autodeterminación, porque la cotidianidad nos aleja de nuestro origen. Y esto es así, tanto para el varón como para la mujer.

Volviendo a la Tradición Iniciática, acaso no podríamos intentar una primera definición diciendo que es el conjunto de conocimientos y pautas, recogidos durante toda la historia de la humanidad con el propósito específico de producir ese encuentro del individuo con su ser en su más auténtica originalidad, de “descotidianizarnos”. Este es el fin primordial de toda disciplina INICIÁTICA (con mayúsculas) tal como queda recogido en la antigua y conocida recomendación: “CONÓCETE A TI MISMO”. La aparente sencillez y evidencia de esta declaración que, a primera vista, todos nos aprestamos a admitir, se torna, a poco que se le quiera meter cabeza, de una complejidad y dificultad tales que convierten la práctica de este consejo en algo casi imposible de conseguir.

Toda esta disquisición filosófica ha sido necesaria para tratar de demostrar que una verdadera tradición iniciática tiene que contener en su método:

1º) las claves para: asumir la responsabilidad de nosotros mismos, disolver los contenidos ilusorios de nuestros mundos virtuales en los que vive nuestra consciencia prisionera; reordenar los que derivan directamente de la estructura de nuestro ser, y poner en marcha las potencialidades creativas de nuestras posibilidades de ser,

2º) proporcionar al iniciado una vía de trabajo y un escenario que le obligue a ejercitar esas potencialidades de manera que se automatice en todo lo posible esta toma de posesión de nuestro ser y que el fruto de este trabajo quede testimoniando la corrección del proceso,

3º) proporcionar un sistema de valores y principios que den sentido a todo el trabajo realizado.

Existen varias escuelas iniciáticas y yo personalmente he investigado algunas de ellas, pero la que me ha dado respuesta a todos los requisitos que acabo de exponer ha sido únicamente la Masonería. Y lo ha hecho con contundencia, con sobriedad y con plenitud. Su disciplina y su trabajo en equipo te enfrentan a tus realidades y tus fantasmas internos. Sus símbolos te llevan a la reflexión sobre el sentido oculto de las cosas, a buscar ese ser de los entes. Su metáfora de la construcción te convierte en un obrero comprometido en un proyecto vital que se actualiza cada día. Sus postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad y sus valores de Tolerancia, de Sabiduría, de Fuerza y de Belleza enmarcan todas las acciones orientándolas hacia horizontes esperanzadores congruentes con la evolución de la vida en nuestro planeta.

Desde estas premisas tanto la mujer como el hombre deben recorrer el mismo camino para tomar posesión de su ser y por tanto el contenido esencial de la masonería es perfectamente válido para ambos.

Como seres humanos, construimos en lo que ha existido antes, aún cuando podamos cambiar de dirección, extender los límites de lo que vemos o aceptar una nueva idea que radicalmente altere nuestra perspectiva. Cuando las mujeres buscan a través de la historia los fundamentos de su identidad como seres humanos, descubren que la historia está registrada casi exclusivamente por el hombre, habla de ellos y es para ellos. Esta situación es simplemente consecuencia natural de las viejas imágenes de masculinidad y feminidad, y de las normas socioculturales resultantes. Pero ello no es razón para que se nos quiera privar del patrimonio humano que representa la tradición iniciática ni de cualquier otro conocimiento específico cuya elaboración haya requerido siglos y siglos y se pretenda que partamos de cero.

II) RELEVANCIA DEL GÉNERO EN LA TRADICIÓN INICIÁTICA

Ahora bien, es cierto que las diferencias biológicas entre el varón y la mujer, concretamente la función procreadora de la mujer ha determinado drásticamente su lugar en la sociedad, ella se ha ocupado de generar la vida de cuidarla y socializarla mientras que el varón, libre de estas funciones, se ha dedicado más bien a transformar el mundo. La consolidación de estas funciones ha desarrollado dos subculturas complementarias en muchos aspectos pero antagónicas en otros. El mundo del varón no ha tenido barreras que lo hayan limitado y a podido explorar todos los caminos por los que ha querido aventurarse. La mujer sin embargo ha visto su acción circunscrita a determinados escenarios que el hombre, autoproclamándose rey del mundo, le ha destinado. Que estas subculturas han generado un registro de sensibilidades, de mecanismos, de fantasmas y de intereses distintos en cada uno de estos géneros no cabe la menor duda, pero estas diferencias no dejan de ser influencias culturales que pueden modificarse al mismo tiempo que se van alterando las condiciones de vida.

No podemos negar que la masonería es una vía iniciática creada por el varón y que por lo tanto reconoceremos en ella determinados caracteres realizados desde su impronta, pero estos no constituyen en absoluto los elementos esenciales del método masónico y por lo tanto son susceptibles de acomodación a las nuevas situaciones que plantea la presencia de la mujer en los talleres. Si el objetivo final del trabajo iniciático consiste en un viaje que emprendemos desde nuestro YO hacia nuestro SER, en busca de nuestra autenticidad, de nuestra PIEDRA CÚBICA, esto sólo lo podemos conseguir si somos capaces primero de descubrir y luego superar todos, y digo bien TODOS, los a priori, todos los prejuicios, sobre los que se asienta nuestro YO. Si el masculinismo o el feminismo es un último velo que encubre nuestro ser de ser humano, también deberá ofrecer el método iniciático unos elementos de trabajo que nos permitan tomar conciencia de este encubrimiento. Ahora que la mujer ha sido descubierta se ha evidenciado, por contraste, el masculinismo y se ha hecho inaplazable restituir la unidad en los templos masónicos con la presencia de todas las partes que constituyen el microcosmos

Pero en cualquier caso estas adaptaciones deben nacer de manera natural sin forzamientos, sin que sea el varón que siga interpretando lo que pueda desear la mujer, ni que sea ésta la que intente imponer sus visiones procedentes de esa subcultura que está tratando de modificar.

Gracias por vuestra atención
Ascensión Tejerina
Ex Gran Maestra GLSE

"Et si tous les laïques d’Europe s’entendaient ?"



Conférence publique – Mardi 3 mars 2009 – Parlement européen - Bruxelles
Intervention du Sérénissime Grand Maître du Grand Orient de France
Pierre LAMBICCHI

Mesdames, Messieurs les Parlementaires européens,Mesdames, Messieurs,

Je voudrais tout d’abord féliciter Mme la Députée européenne Véronique DE KEYSER pour
cette excellente initiative d’échanges et de dialogue au sujet de la laïcité de l’Union européenne dans le cadre de cette audition publique au Parlement européen. En tant que Grand Maître et Président du Conseil de l’Ordre du Grand Orient de France, je suis très honoré d’être parmi vous aujourd’hui.

Introduction

Chacun ici sait combien le mot "laïcité" est difficile à traduire dans les autres langues, parfois même impossible. La laïcité est parfois définie comme un courant de pensée parmi d’autres, plus ou moins équivalent à la libre pensée ; d’autres pensent qu’il s’agit d’un accord tacite à travers lequel l’État et les religions se tiendraient à distance ; ou encore on la prend pour du sectarisme antireligieux.
Dans la conception française, elle n’est rien de tout cela.

C’est la raison pour laquelle je voudrais brièvement rappeler dans mon intervention de ce jour les fondements de ce que l’on appelle parfois "l’exception française", mais pour la dépasser ensuite en observant la grande diversité des approches en Europe et la nécessité en conséquence, d’avoir une véritable approche commune des valeurs que la laïcité véhicule et pour laquelle les ponts sont alors possibles entre les laïques européens. C’est pour le Grand Orient de France la voie permettant à tous les laïques d’Europe de "s’entendre", c’est-à-dire de s’écouter mais surtout de se comprendre pour agir ensemble en faveur d’une Union européenne respectueuse des convictions de tous ses citoyens.

I. La laïcité, une histoire française ?

Je crois que les historiens sont en général d’accord pour considérer que c’est la Révolution française qui a posé les bases de la laïcité républicaine en la fondant sur trois piliers : la Révolution attribue la souveraineté à la nation ; l’individu est affranchi des servitudes ; et elle sépare l’Église de l’État.

L’article 3 de la Déclaration des droits de l’homme et du citoyen du 26 août 1789 consacre cette évolution : "Le principe de toute souveraineté réside essentiellement dans la nation." Aussi est-ce la puissance publique, l’État qui, désormais, se substituant aux féodalités, garantit la liberté individuelle.

Les droits naturels ne sont reconnus qu’à l’individu, sans intermédiaire, et ces droits – la liberté, la propriété, la sûreté, la résistance à l’oppression – sont inviolables, imprescriptibles et inaliénables. Les révolutionnaires ont résumé ce principe dans la Déclaration de 89 : "Tous les hommes naissent et demeurent libres et égaux en droits."

On cite souvent ces mots célèbres prononcés à l’Assemblée, le 23 décembre 1789, par le comte Stanislas de CLERMONT-TONNERRE : "Il faut refuser tout à une communauté
comme nation et accorder tout aux membres comme individus. Il faut qu’ils ne fassent dans l’État ni un corps politique ni un ordre. Il faut qu’ils soient ndividuellement citoyens". Ce qui vaut ici pour les juifs vaut pour tous. Voilà oncé ’individualisme qui constitue le fond de la laïcité républicaine française.

Pour finir, les révolutionnaires retirent à l’Église catholique ses pouvoirs en "laïcisant" (le mot n’existe pas encore) l’état civil en 1791, en supprimant le délit de blasphème, en concevant,avec CONDORCET, une instruction publique émancipée de la tutelle des Églises. Enfin, la Convention décide en 1795 que la République ne reconnaît aucun culte et ne paie plus aucun prêtre – première séparation qui durera jusqu’au concordat napoléonien et qui servira de référence aux législateurs de 1905.

La Révolution française a ainsi jeté les fondements de la République laïque. Il reviendra à la Troisième République de la compléter par une deuxième étape : la séparation des Églises avec l’école.

Ce sera l’oeuvre de Jules FERRY au début des années 1880 selon le mot : ": l’instituteur à l’école, le maire à la mairie et le prêtre à l’église." Selon les principes républicains, le suffrage universel doit être éclairé. Aussi l’école primaire doit-elle être obligatoire. Pour que tous les enfants puissent la fréquenter, riches comme pauvres, elle doit être gratuite. Enfin, pour ne pas attenter si peu que ce soit à la conscience de l’enfant, qu’il soit croyant ou non,
l’école publique doit être laïque.

La séparation des Églises et de l’école implique une triple laïcisation : celle des locaux – on ôte les crucifix des salles de classe -, celle du personnel – la loi Goblet du 30 octobre 1886 dispose que l’enseignement, dans les écoles publiques, sera exclusivement dispensé par un personnel laïque –, et celle des programmes – la loi Ferry du 28 mars 1882 remplace l’instruction morale et religieuse par l’instruction morale et civique.

Il ne s’agit pas de former des croyants mais des citoyens critiques pourvus des outils intellectuels qui leur permettront de perfectionner sans cesse la République. C’est pourquoi l’école laïque est au coeur du dispositif républicain français.
Cette séparation des Églises, des dogmes religieux et de l’école trouve une suite logique et nécessaire dans la séparation des Églises et de l’État. Comment, en effet, l’État pourrait-il être le garant de la laïcité de la République s’il n’est pas lui-même laïque ?

La loi promulguée le 9 décembre 1905 consacre la fin du régime concordataire (sauf pour l’Alsace et la Moselle) et repose sur deux grands principes toujours en vigueur :

-La République, selon l’article 1er "assure la liberté de conscience. Elle garantit le libre exercice des cultes […] dans l’intérêt de l’ordre public". Autrement dit, chacun est libre de croire ou de ne pas croire et d’exercer éventuellement son culte pourvu que l’ordre public soit respecté.

-La République, second pilier, selon l’article 2 "ne reconnaît, ne salarie ni ne subventionne aucun culte". Aussi les religions n’ont-elles plus à s’immiscer dans la vie publique, pas plus que l’État n’a à intervenir dans les affaires internes aux religions.

Une formule de Léon BOURGEOIS résume bien le nouveau régime : "Les Églises libres dans l’État laïque souverain."

La France est le seul pays où la laïcité est explicitement constitutionnelle depuis 1946. La constitution du 4 octobre 1958, de même, dispose dans son article 1er que "la France est une République indivisible, laïque, démocratique et sociale". Comme le souligne l’historien Samuel TOMEI "la laïcité n’est donc pas un courant de pensée parmi d’autres, elle a en effet un statut fondateur. Elle crée a priori un espace de liberté, elle est le principe constitutif du lien politique en France. D’un point de vue politique, son étymologie – Laos signifie « peuple » en grec, le peuple indivisible – fait de la République le gouvernement du peuple, par le peuple et pour le peuple. La laïcité c’est le règne du droit commun. Elle est donc inséparable d’un régime démocratique et républicain.".

La laïcité garantit en outre la liberté individuelle de conscience et d’expression dans les limites de l’ordre public ; elle suppose l’impartialité des pouvoirs publics ; enfin, elle est par nature anticléricale. Un anticléricalisme qui n’a donc rien d’antireligieux.». C’est ainsi que GAMBETTA qui est celui qui a popularisé la formule : "Le cléricalisme, voilà l’ennemi", déclarait en même temps : "Ne dites donc pas que nous sommes les ennemis de la religion, puisque nous la voulons assurée, libre et inviolable."

Ces principes, les républicains les considèrent comme universels puisqu’ils n’ont en effet cessé de penser que la République ne pouvait se réduire à la France. L’Europe, pour les républicains, a toujours paru comme une première étape vers l’Universel. La laïcité peut donc sembler une « histoire française » ou même une « exception française » tant sa définition est consubstantielle du régime républicain que la France s’est donnée.

Il est donc intéressant de constater la très grande diversité qui existe dans les autres démocraties européennes en matière de laïcité ou plutôt de relations entre l’Etat et les Eglises. Dans de nombreux pays, l’Etat entretient des rapports organiques avec les Eglises. Nombre de Constitutions européennes trouvent leur source dans la transcendance avec des références notables à Dieu, comme en Allemagne, ou encore à la Sainte Trinité en Grèce ou en Irlande par exemple.

Le cas de la Belgique et des Pays-Bas est intéressant, fondé sur ce qu’on appelle le système de « pilarité ». En Belgique, la constitution assure la liberté de conscience, et la laïcité est reconnue mais une laïcité conçue de façon radicalement différente qu’en France puisqu’elle ne forme qu’un pilier de la société parmi d’autres. En Autriche, en Italie ou en Espagne, un régime concordataire s’applique. Quant au Portugal, pays dont la constitution prévoit la séparation des Églises et de l’État, on ne doit pas oublier qu’il reste régi par un concordat avec le Saint-Siège en vigueur depuis 1940…Enfin, dans la plupart de ces pays, l’école n’est pas
vraiment séparée des Églises. En outre, l’espace public n’est pas neutralisé exemple parmi d’autres : on trouve des crucifix dans les tribunaux en Italie.).

Il ne saurait donc y avoir UNE conception de la laïcité en Europe. Notre défi, à nous laïques européens, c’est justement, au-delà de nos différences nationales sur le sujet de trouver le chemin de la compréhension et du dialogue, suivi de l’action commune au service de nos valeurs. Ceci est d’autant plus essentiel dans le cadre de la logique d’intégration européenne qui est désormais celui adopté par l’Union européenne.

II L’Union européenne et la logique d’intégration

On connaît, en France, le débat entre la logique de l’intégration et celle de coopération en matière européenne. Ces deux visions vont s’opposer ou se combiner tout au long de la construction européenne. Tant que prévalait la logique de coopération, l’existence du modèle républicain laïque ne semblait pas devoir être remis en cause. Or, depuis l’entrée en vigueur du Traité de Maëstricht en 1992, la logique de l’intégration prime celle de la coopération et l’élargissement ultérieur à 27 n’a pas remis en cause cette dissymétrie. Le débat référendaire de 2005 sur le traité constitutionnel, finalement rejeté, a posé la question de l’avenir de la
laïcité qui a été l’objet de vives controverses.

L’article 6 du traité de Lisbonne stipule que la Charte des droits fondamentaux a même valeur juridique que les traités, laquelle Charte précise que chaque citoyen dispose de "la liberté de manifester sa religion ou sa conviction individuellement ou collectivement, en public ou en privé, par le culte, l’enseignement, les pratiques et l’accomplissement des rites". On s’est beaucoup interrogé sur l’interprétation à donner ici au mot « public » et s’il fallait y déceler
une reconnaissance d’un rôle public des religions. Quant au mot « religion », il apparaît dans ce texte à quatre reprises, le mot « laïcité » jamais. Si l’Union européenne, à travers ce texte, évoque bien la liberté de conscience, elle se fonde avant tout sur la liberté religieuse.

Rappelons que des articles 51 et 52 du projet de Constitution avortée, nous avons finalement abouti à l’article 16 du traité de Lisbonne, non encore en vigueur.

"a) L’Union respecte et ne préjuge pas du statut dont bénéficient, en vertu du droit national, les églises et les associations ou communautés religieuses dans les Etats membres ;

b) L’Union respecte également le statut dont bénéficient, en vertu du droit national, les organisations philosophiques et non confessionnelles ;

c) Reconnaissant leur identité et leur contribution spécifique, l’Union maintient un dialogue ouvert, transparent et régulier avec ces églises et organisations"

Fruits de multiples compromis entre des positions très différentes, on ne peut en tout cas que relever les ambiguïtés voire les contradictions des formules employées dans ces traités, et qui suscitent un certain doute quant à l’interprétation qu’en donneront les juges européens dans l’hypothèse de leur application.

Le traité de Lisbonne n’est certes pas encore en vigueur mais je fais l’hypothèse qu’il le sera un jour ou l‘autre. Face à cette situation, je voudrais rappeler la position du Grand Orient de France quant au « dialogue » entamé par les responsables européens avec les Eglises et les Communautés de convictions.

III Pour un dialogue fondé sur la coopération entre tous les laïques européens,
sans règles de préséance

Deux options sont finalement possibles quant on est laïque et français s’agissant de la situation de la laïcité en Europe : soit marteler, comme une sorte de mantra, « l’exception française » et se désoler qu’elle reste uniquement française ; soit, et ceci sans renoncer aux principes essentiels qui découlent de cette expérience, accepter le dialogue et la coopération avec tous les laïques d’Europe en dépassant le débat théorique et le conflit des définitions, en leur proposant de « s’entendre », c’est-à-dire comme je le disais en introduction, de s’écouter,
de se comprendre et d’avancer ensemble en portant les valeurs de l’humanisme.

Le Grand Orient de France a choisi cette deuxième option et il salue l’occasion de cette audition publique pour s’inscrire dans cette démarche de coopération avec tous les laïques d’Europe.

Au-delà des spécificités nationales, les laïques européens partagent, je pense, une
communauté d’analyse sur la nécessité de rappeler que l’Union européenne doit tenir compte de l’ensemble des convictions de ses citoyens, y compris bien entendu de ceux qui se réclament de la liberté absolue de conscience. Les institutions de l’Union européenne doivent toujours prendre en compte cette diversité de convictions en Europe et ses responsables doivent refléter cette prise en compte non seulement dans leur expression publique mais dans leur rôle de Législateur communautaire.

C’est le sens de la démarche d’un certain nombre d’Obédiences maçonniques libérales et adogmatiques auprès du Président de la Commission européenne M. José-Manuel BARROSO au printemps 2008 et, depuis lors, le partenariat que le Grand Orient de France a décidé de développer avec le Bureau des Conseillers de Politique Européenne (BEPA) aux côtés de la Fédération Humaniste Européenne et pour lequel il s’est félicité de voir la présence de la Grande Loge Féminine de France ainsi que celle de l’Association Européenne de la Pensée Libre.

Le dialogue et la concertation qui ont commencé à se mener entre les associations qui se réclament de la liberté absolue de conscience dans ce cadre sont très prometteurs. Ils soulignent en effet qu’au-delà des définitions nationales de la laïcité et au-delà de son vécu ici ou là, nous nous retrouvons pour porter un message humaniste adogmatique dans les instances de l’Union européenne. Encore une fois, au lieu de nous épuiser à rechercher une définition idéale commune qui relève de l’impossible et qui ne fait pas grand sens, les laïques d’Europe doivent privilégier l’action concertée et centrée sur la construction européenne là où elle se fait et non plus seulement dans le cadre du schéma national.

Et bien entendu, nous comptons sur la vigilance du Parlement européen, expression
démocratique du suffrage des citoyens de l’Union, pour veiller à ce que la laïcité de l’Union européenne prenne un sens concret chaque fois que cela est possible, nécessaire ou indispensable.

Conclusion

En conclusion, je dirais que le Grand Orient de France est plus que jamais disponible pour ce chantier commun, essentiel pour l’avenir des valeurs qui sont chères à notre coeur et qui ont assuré à l’Europe la paix et la fraternité pendant de nombreuses décennies.

Je vous remercie.

Pierre LAMBICCHI
3 mars 2009, Bruxelles

miércoles, 18 de febrero de 2009

Una exposición desvela todos los secretos de la masonería en Canarias

En el Archivo Histórico Provincial

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 18 Feb. (EUROPA PRESS) -

El Gobierno de Canarias inaugura el próximo jueves, día 19 de febrero, en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, la exposición 'Desvelando secretos: documentos de la masonería en Canarias'. El acto dará comienzo a las 19.00 horas con una conferencia del catedrático de Historia de América, Manuel de Paz Sánchez titulada 'La masonería en Canarias y su proyección Atlántica'.

El Gobierno de Canarias inaugura el próximo jueves, día 19 de febrero, en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, la exposición 'Desvelando secretos: documentos de la masonería en Canarias'. El acto dará comienzo a las 19.00 horas con una conferencia del catedrático de Historia de América, Manuel de Paz Sánchez titulada 'La masonería en Canarias y su proyección Atlántica'.

La exposición, que tiene un marcado carácter didáctico y según informó la Viceconsejería de Cultura, pretende acercar al visitante a la variada tipología documental generada por las logias canarias, utilizando para ello de forma preferente los documentos pertenecientes al fondo Manuel de Paz, recientemente depositado en el Archivo Histórico de Santa Cruz de Tenerife por el profesor del mismo nombre, constituido a su vez por donaciones de masones y familiares de masones canarios.

El profesor de Paz, asimismo, ha proporcionado su asesoramiento en la cristalización de esta iniciativa. Se ha contado también con la colaboración de la Asociación Cultural Masónica Nueva Era número 93, que ha aportado además de objetos litúrgicos y simbólicos masónicos, su apoyo en la realización de la muestra. En esta exposición han colaborado asimismo el Ayuntamiento de La Laguna y la Caixa.

CONFERENCIAS

La muestra permanecerá abierta hasta el 8 de mayo en horario de 9.00 a 13.00 horas y de 16.00 a 19.00 horas. En el marco de exposición se ha programado también un ciclo de conferencias que tendrán lugar los días 26 y 27 de marzo. La primera de ellas, el día 26 de marzo, dará comienzo a las 17,30 horas, a cargo del catedrático de Historia de la Educación de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, Pedro Álvarez Lazo sobre 'La masonería, escuela de formación de ciudadanos'. Al término de la misma, en torno a las 19,30 horas, intervendrá Ascensión Tejerina (ex gran maestra) para hablar sobre 'La francmasonería. De la piedra a la idea'.

Las conferencias continuarán el día 27 de marzo, fecha en la que Pedro Álvarez disertará, a las 17,30 horas, sobre 'La música masónica: el paradigma Mozart'. A continuación intervendrá Ascensión Tejerina sobre 'La mujer en la masonería'.

martes, 3 de febrero de 2009

JUAN CARLOS ALEMÁN: "Me enamoré de La Laguna, fue un amor a primera vista"



Juan Carlos Alemán es diputado regional del PSOE por Tenerife y vicepresidente del Parlamento de Canarias. Este hombre, de talante afable y que se considera ante todo un enseñante, ha ocupado los más altos cargos dentro del partido en Tenerife y en Canarias. Canarión de nacimiento, un día se vino a estudiar a La Laguna y se quedó prendado de esta ciudad, en la que reside desde entonces. Alemán tiene dos hijos y una nieta, Elena, con la que le gusta pasear por la calle La Carrera.

V. CABRERA Para quien no le conozca ¿quién es Juan Carlos Alemán?Si me miro al espejo veo a una persona de buen humor, que le gusta llevarse bien con todo el mundo, que defiende sus ideas hasta el final y no ha perdido ningún amigo por ello. Creo que esa es la concepción de la política. Se puede defender lo que uno piensa y llevarse bien con todo el mundo.

¿Cree que los demás ven la misma imagen que usted en el espejo?
Eso no lo puedo contestar, pero las consecuencias de esa imagen las vivo porque todo el mundo sabe que soy irreductible cuando creo en una cosa y, todo el mundo sabe que puedo ser un amigo leal. Yo siempre he sido así, fui así en el colegio, soy así en la política y voy a seguir siendo así después de la política, porque es una forma de ser.

¿Qué aficiones tiene?
Creo que le ha dado por las nuevas tecnologías...Me gustan mucho las nuevas tecnologías, la informática, todo lo ligado al campo de la imagen.También me gusta mucho la meteorología y ahora empiezo a entrar en el mundo de la obsesión de la música clásica. Estoy enamorado de Mozart. Es una evolución rara, porque yo no funcionaba así. Y me gusta mucho la agricultura; me dedico mucho a matar bichos, ¡qué hay una cantidad!

¿Y de dónde viene su afición por la meteorología ?
No sé y no tiene ninguna explicación, mas allá de la curiosidad por ver como se mueve la naturaleza.¿Y esa afición tardía a la música clásica? Hace no mucho tiempo me impactó el Réquiem de Mozart y por medio de Mozart he entrado en ese mundo, que noto que me está absorbiendo. No soy un entendido en música clásica, soy un aprendiz, pero noto que ese mundo cada vez me absorbe más. Debe ser un problema de edad (ríe).

Usted vino a estudiar a Tenerife y se quedó en la isla ¿Cuál fue la razón?
Me enamoré de La Laguna, fue un amor a primera vista. Cuando llegué y vi aquellas calles me quedé prendado.Si a eso le añade que conocí a mi actual mujer, que es de Tenerife, de Garachico. Eso no quiere decir que no me guste Gran Canaria, una isla que tiene unos encantos desconocidos, sobre todo en su parte central, pero yo me enamoré de La Laguna y me siento allí estupendamente.

¿Qué papel ha jugado su mujer en su vida, tanto en el aspecto personal como profesional?
Si no fuera por mi mujer no hubiera terminado los estudios. Cuando empecé a salir con mi mujer era un ser peludo que estudiaba poco y hacía mucha política y mi mujer me disciplinó absolutamente. También mi primer trabajo se lo debo a mi mujer y a partir de ahí debo decir que se lo debo casi todo, porque se ha ocupado de todo en estos años. Ahora yo me estoy integrando a mi vida familiar, pero si no hubiera sido por mi mujer en estos 32 años de casado hubiera sido imposible, o me hubiera dedicado a la política o me hubiera divorcido. Pero ya digo, universidad, primer empleo y el haberme podido mantener en la política se lo debo a ella.

¿Comparte su mujer su afición por la política?
No, mi mujer no se dedica a la política; mi mujer es una enseñante. Es directora de un centro público de enseñanza y le interesa la política como ciudadana, pero no participa en ella. ¿Y como ha afectado a su vida la llegada de su nieta?Estoy haciendo los disparates que no hacía con mis hijos. Con mi nieta me arrastro por el suelo, hago el monstruo, pongo caras que nadie conoce y le doy cosas para que juegue y rompa que si se las dan mis hijos los mato. Haces con tu nieta lo que no haces con tus hijos. Además creo que se parece al abuelo porque es una niña rubia, con ojos verdes?(ríe) Si, tiene mucho que ver con mi mujer, que es rubia y con ojos verdes, ñaunque siempre digo que es guapita como el abuelo (ríe). Es otra vida, es otra cosa. Yo oía eso, pero lo estoy viviendo. Ahora me apunto a ir pasear a mi nieta por la calle Carrera antes que a ir a la ejecutiva regional del PSOE, que es muy importante, pero ahora para mi pasear a mi nieta es muy importante.

¿Cómo fue su experiencia en la enseñanza?
He dado clases en prácticamente toda la isla. Los chicos dicen que no les iba mal. Yo daba clases de Historia; también presidí el Movimiento de Renovación Pedagógica, pero hubo un momento en que cambié la enseñanza por la política. No me arrepiento de haberlo hecho. Yo soy un enseñante dedicado a la política y nunca seré un político dedicado a la enseñanza, porque los políticos que se dedican a la enseñanza no me sirven, me sirven los enseñantes que se dedican a la política y yo me jubilaré como enseñante.

¿ Cómo ve la enseñanza pública actualmente?
Creo que estamos ante una crisis general, del sistema, de los valores y una desmoralización muy profunda de los docentes que tiene que ver con que la enseñanza no está teniendo, desde las instituciones, la importancia que se le tiene que dar.

¿Es cierto que es masón?
Sí, los masones no tenemos ningún problema en decir que lo somos, lo que si tenemos es la obligación de guardar el secreto de quienes lo son. Y no porque seamos una sociedad secreta, sino porque somos una sociedad discreta. Estoy en activo, otra cosa es que no asisto a las reuniones, porque mis actividades me lo impiden. El masón lo que busca es perfeccionarse él y servir a la sociedad mediante un ideario que se basa en la igualdad, la libertad y en la solidaridad entre los hombres. No hay política en la masonería, está prohibida.

Entrevista a Pierre Lambicchi, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia

¿Un retorno de las religiones?

Radio Nederland

Por: Raúl Zamora 25-12-2008

¿Hay un retorno en Europa a la espiritualidad ligada a las religiones? ¿Hay una amenaza de retorno a las querellas religiosas culpables de tantos horrores en el pasado? Hasta hace poco, en Europa se creía que las religiones y las supersticiones se replegaban. Max Weber en Alemania y Marcel Gauchet en Francia, entre otros pensadores, nos habían descrito "el desencantamiento del mundo", la liberación del hombre de la visión mágica y religiosa de la existencia.
Pero he aquí que las fuerzas religiosas se manifiestan con nuevas energías. Los movimientos espiritualistas estilo New Age dejan el primer lugar a las religiones monoteístas, por definición totalitarias, o totalizantes, de la vida social. Los integrismos se refuerzan y quieren imponerse, sea mediante el terrorismo islamista, sea por métodos modernos de propaganda y presión.
Radio Nederland entrevistó al respecto a Pierre Lambicchi, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, la organización masónica más importante de este país.

En Francia -dice el Gran Maestro del Gran Oriente- se ha desarrollado el concepto de laicidad, es decir, de un espacio en la vida pública que sea neutro y que permita a cada cual expresarse en forma autónoma y sin presiones guardando para la esfera privada sus creencias y sus ritos. La laicidad no es un espacio pasivo sino combativo y el Gran Oriente ha decidido reactivar esta noción y el marco de la tolerancia contra las acciones que traten de impedir la libertad de los demás.

RNWO: Pero, ¿la laicidad puede sobrevivir frente a una ofensiva general de tipo religioso motivada quizás por una necesidad de los hombres de creer, de retornar a una visión mágica de la existencia?
Pierre Lambicchi: Es necesario tener una voluntad pedagógica. Hay dos posibilidades. Una, ponerse de rodillas frente al efecto mágico. Se ha inculcado tanto miedo a la muerte que las personas buscan una permanencia después de la muerte. La otra posibilidad consiste en apropiarse de su propia vida, construirse en su libertad de conciencia absoluta, en su espiritualidad.

RNWO: Esta espiritualidad es laica, es decir neutral, no es proselitista, varía de un individuo a otro, respeta la libertad de cada cual.
P.L.: Y este es un concepto que se orienta hacia el futuro porque en Europa vivimos un choque de civilizaciones. No podemos quedarnos en la unicidad frente al choque entre los conceptos judeo-cristianos, musulmanes, budistas y otros. Esta Europa necesita realmente un espacio filosófico y moral de paz, de cohesión, de tolerancia y libertad, es decir, de laicidad.

RNWO: Sin embargo, bajo las presiones religiosas, aparentemente la laicidad se debilita, ¿qué hacer concretamente?
P.L.: En Francia hay que hacer respetar la ley de separación entre las iglesias y el Estado. Esto es indispensable en nuestro país donde hay un choque de culturas. Nosotros interpelamos a los poderes públicos.

En Europa, añade el Gran Maestro, el Gran Oriente se ha inscrito recientemente en el Buró de comunidades de pensamiento a nivel de la Comisión Europea. Hasta ahora, había ahí solamente lobbies religiosos o sectarios. Ahora está presente la opinión de la Masonería a-dogmática, que no obliga a sus adeptos a creer en alguna cosa para existir. Luchamos para que nuestra palabra sea tomada en cuenta por la Comisión Europea. Van a unirse a nosotros otras obediencias masónicas a-dogmáticas. Hay que redefinir la laicidad, el espacio de paz, y defenderlo.
Cada vez que hay un proyecto en la Comisión Europea vinculado a los derechos humanos, a la libertad de conciencia, a la laicidad, nosotros recibimos ese proyecto para dar nuestras observaciones. Se trata de un trabajo que se hace antes de que el proyecto llegue al Parlamento Europeo. Porque ahí está el drama: el texto del proyecto llega al Parlamento Europeo ya trabajado por todos lobbies. Y los parlamentarios europeos tienen poca actividad en la discusión de los textos.

RNWO: ¿Y la Masonería logra ponerse al mismo nivel que esos lobbies?
P.L.: Estar al mismo nivel que los lobbies religiosos parece difícil. En principio la acción de los lobbies en Bruselas es una cosa muy mercantil, pero nosotros tenemos la fuerza de nuestra ideas y frente a este sistema llegaremos a hacer penetrar estas ideas.
RNWO: ¿Y cómo oponerse al integrismo religioso terrorista?
P.L.: El terrorismo es insoportable, cualquiera que sea la razón. La legitimidad para nosotros es electoral. El Gran Oriente va este año a desmontar el problema del comunitarismo que lleva a personas desesperadas a encontrarse en fenómenos desesperantes, estilo Hermanos Musulmanes. Hay un fenómeno económico y estamos inquietos porque el choque económico actual lo agrava. Económicamente podemos combatir al comunuitarismo. Hay que desarrollar la noción de ciudadanía para los europeos, los derechos pero, sobre todo, los deberes de respeto de unos y otros en este espacio de libertad que llamamos laicidad.

jueves, 15 de enero de 2009

Dignidad de la fe, dignidad del ateísmo

De Javier Otaola
La Asociación Humanista Británica impulsó el pasado octubre una campaña ateísta con la que pretendían recaudar el dinero suficiente para insertar este mensaje en los autobuses del Reino Unido: "Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de tu vida". La frase tiene ese delicioso toque escéptico tan del gusto de los ingleses; ni siquiera hace una declaración taxativa, sino que se limita a indicar una probabilidad.

La idea, que ha tenido repercusión y ha recibido el apoyo de intelectuales de renombre, entre otros, Richard Dawkins, autor de El espejismo de Dios, ya ha llegado a España, al haber aceptado tal publicidad la empresa municipal de autobuses de Barcelona.

Rowan Williams, el arzobispo de Canterbury, se tomó con evangélica deportividad esa campaña, celebrando el interés, al menos dialéctico, que Dawkins se tomaba por la idea de Dios. Pero no he visto tal deportividad entre nosotros. Por el contrario, he escuchado comentarios de furibunda repulsa respecto de la campaña por parte de creyentes, comentarios que me han parecido injustos.

Las opciones religiosas y metafísicas, creyentes o increyentes, son apuestas personales, es decir, juegan efectivamente con un factor de probabilidad que el gran cristiano y matemático Blas Pascal ya analizó en el siglo XVII. Como todas las apuestas, cada uno las hace a su riesgo y ventura.

Si la existencia de Dios fuera una evidencia, no sería motivo de fe, ni de apuesta. Se trata por lo tanto de un terreno propio de la libertad de cada uno, y su plausibilidad debe discutirse en el ámbito de la sociedad civil. Personalmente, yo prefiero hacer una apuesta creyente, por problemática que sea, pero creo que tan legítimo es hacer una apuesta atea o agnóstica. Y no creo que haya nada de incorrecto en que los ateos publiciten sus opiniones y las defiendan argumentadamente en el ámbito de la sociedad civil, del mismo modo que lo hacen las diferentes opciones religiosas, por cierto, de manera mucho más masiva. No es competencia de los poderes públicos en una sociedad abierta y democrática pronunciarse sobre cuestiones de esa índole, sino garantizar la convivencia de todos en un marco de derechos y deberes equitativamente establecidos.

Siendo fundamentalmente la democracia parlamentaria un sistema convivencial y una orto-praxis, una reflexión siempre en curso, planteada como tarea y no una ortodoxia doctrinal, cerrada y definida de una vez y para siempre, elude en su seno la confrontación entre diferentes opciones de sentido como el teísmo religioso de una fe revelada, el deísmo, el agnosticismo o el humanismo ateo, enmarcando su discurso colectivo en la búsqueda del punto en el que se da la coincidencia, negociando en cada caso un determinado consenso. Eso es, en definitiva, una Constitución.

Al proclamar los valores constitucionales de 1978, establecimos un acuerdo básico que admite la dignidad de cada una de las posiciones religiosas, filosóficas e ideológicas representadas de una manera abierta en una sociedad abierta. Lo que no significa que todas las opciones nos tengan que parecer del mismo modo válidas o correctas. La dignidad de las diferentes opciones no nace del valor de verdad que puedan tener, que será el que cada uno le atribuya en cada caso, sino de la autenticidad y el deseo de veracidad que es preciso suponerse en toda persona de buena fe, en definitiva, de la propia dignidad de la conciencia humana, frágil y mudable.

En última instancia, las ideas no son dignas y respetables, de hecho, difícilmente lo pueden ser todas cuando se niegan y contradicen tan rabiosamente, pero sí lo son las personas que las sostienen y defienden, en la medida que lo hacen de buena fe.

La democracia, como forma de organización de la convivencia, no busca proponer una determinada opción religiosa o metafísica, ni puede permitirse ninguna clase de adoctrinamiento, creyente o increyente, sino que busca hacer posible la convivencia entre personas que tienen interés real en cooperar de una manera equitativa, de generación en generación, a pesar de hallarse divididas en sus concepciones del mundo y de la vida (Rawls).

Será en el seno de la sociedad civil, y no en el marco de la representación política, donde se podrán discutir las cuestiones de orden religioso o metafísico, y en ese juego de mutuas interpelaciones, cada uno tomará sus propias decisiones. Ahora bien, deberemos aceptar deportivamente la inevitable puesta en cuestión que inevitablemente nos producirá esa libertad de opinión y de pensamiento, y ese contacto con los otros. En el seno de una sociedad abierta caben perfectamente diferentes alternativas de sentido, filosóficas, metafísicas y religiosas, siempre que acepten las reglas del juego de la democracia.

A mí todo esto me parece, además de muy democrático, muy evangélico, ya que, en contra de lo que las tradiciones eclesiales suelen decir, el texto evangélico relativiza radicalmente todas las pertenencias y todos los dogmas religiosos, y sitúa por encima de todo una sola cosa: la compasión como fuente última de salvación. Y si no, leamos lo que dice Mateo 25: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí". En todo caso, disfrutar de la vida es un buen consejo para todos.

Javier Otaola es abogado y escritor.

domingo, 11 de enero de 2009

Masonería y política en la historia de España

Leandro Álvarez Rey
Universidad de Sevilla

Hace ahora casi justamente 75 años, en el mes de junio de 1931, el órgano de prensa más cualificado de la Masonería española, el Boletín Oficial del Supremo Consejo del Grado 33, saludaba el establecimiento por vez primera de la democracia en España con un editorial cuyo título dejaba lugar a pocas dudas: “La República –decía– es nuestro patrimonio”. En aquel editorial se afirmaba que la República se había instaurado en España bajo los tres grandes principios que la Masonería considera base fundamental en toda organización humana: las ideas de Libertad, Igualdad, y Fraternidad. La identificación entre la Masonería española y el nuevo régimen republicano quedaba pues, desde el primer instante, dibujada de una manera nítida y sin fisuras. Como se decía textualmente en aquél artículo periodístico:

“La República nació limpia de todo pecado, y con la enorme fuerza de todas las grandes virtudes civiles. Diríase que era la imagen perfecta, moldeada por manos geniales, de todas nuestras doctrinas y principios. No se podrá producir otro fenómeno de revolución política más perfectamente masónico que el español. Todo fue templanza, justicia, orden, mesura, humanitarismo, tolerancia y piedad. Los grandes resortes morales que nosotros, los masones, cultivamos fueron los que estuvieron en acción”1

El mensaje que las principales autoridades de la Orden pretendían transmitir a los masones españoles era que si la democracia era un patrimonio de quienes habían luchado por la libertad, y de quienes habían sufrido vejámenes y persecuciones por implantarla, no hay duda de que los masones españoles habían ocupado las primeras filas en esa lucha, y por tanto a ellos les cabía el honor y el deber de defender esa libertad recién conquistada. Por eso, afirmaba el Supremo Consejo del Grado 33, en aquel momento histórico “nuestra misión es conservar la República, limpia de todas las mezquindades partidistas...”.2

Por las mismas fechas que la Masonería española proclamaba su adhesión e identificación con la recién proclamada Segunda República, se celebraban en nuestro país las primeras elecciones democráticas de nuestra historia. A resultas de aquellos comicios iban a tomar asiento en el hemiciclo de la carrera de San Jerónimo ciento cincuenta diputados a Cortes que, aún perteneciendo a partidos y organizaciones políticas muy diversas, tenían todos un aspecto en común: el haber sido iniciados un día en los secretos de la Orden del Gran Arquitecto del Universo; es decir, su pertenencia a la Masonería.3 Ese centenar y medio de diputados masones se sumaban a la extensa nómina de miembros de la institución que, a partir de 1931, iban a ocupar puestos muy relevantes en la vida política española, bien como alcaldes o concejales en sus respectivas localidades o al frente de los ministerios y de diversas instancias de poder durante el período republicano. Masones como Diego Martínez Barrio, Marcelino Domingo, Casares Quiroga, Fernando de los Ríos o Alejandro Lerroux, quienes en aquellos momentos integraban el Gobierno Provisional republicano. Ellos eran, por así decirlo, los principales exponentes de un fenómeno de ya hondas raíces en la historia de nuestro país: el de la vocación política de los masones y de la Masonería española.4

* * *
La vinculación entre masonería y política constituye en la Historia de España un fenómeno que hoy en día conocemos aceptablemente bien sobre todo a partir de los años del llamado Sexenio Democrático. En 1868 el triunfo de la revolución Gloriosa inauguró una etapa donde convergieron y pugnaron por imponerse diversos proyectos y programas políticos, difundiéndose un ambiente propicio para el debate de las ideas y la discusión pública. Fue en esos años de agitados vaivenes, de alternativas y cambios en la trayectoria y rumbo político de nuestro país, cuando la Masonería española comenzó a crecer como posiblemente no lo había hecho hasta entonces, pues la ausencia de trabas legales para la creación de todo tipo de asociaciones ofreció la ocasión propicia para el desarrollo de las Logias y de las Obediencias masónicas. Este proceso de crecimiento y auge de la Masonería española se prolongó hasta finales del siglo XIX y, tras la interrupción motivada por lo que ha dado en denominarse la crisis masónica finisecular, en torno al 98, aun conoció una nueva fase de expansión a partir de l923, prolongándose durante los años de la Segunda República y hasta el estallido de la guerra civil en 1936.

Durante ese período de aproximadamente setenta años las Logias masónicas, al igual que otras entidades o asociaciones de tipo cultural, mutualista, recreativo o cooperativo, fueron erigiéndose en uno de los principales espacios donde se desarrollaba la sociabilidad “republicana”; o, si se prefiere, la sociabilidad “jacobina”. La Masonería, a pesar de ser una gran desconocida para casi todos, llegó a suscitar el interés de un número considerable de personas: desde simples curiosos a gentes que se sintieron atraídas por su halo misterioso y romántico, por esa acusación de ser “nidos conspiratorios” con que el absolutismo primero y el catolicismo integrista y ultramontano después acabaron identificando a la “secta” y a sus incorregibles hermanos. Una imagen ésta posiblemente bastante falsa y truculenta, pero que quizás llegó a ser del agrado de muchos masones. Al fin y al cabo el mito del complot realzaba el supuesto papel histórico de la Masonería, aumentaba hasta el infinito su panteón de hombres ilustres y situaba –en teoría– a la institución masónica en la vanguardia de lo que había sido en España la lucha en pos del progreso y las libertades, en contra del oscurantismo y la reacción. Además, posiblemente era ese mito lo que hacía que acudieran a las Logias nuevos prosélitos, un flujo continuo de savia nueva que iba a permitir el funcionamiento de esos cientos de Logias que funcionaron en toda España a fines del siglo XIX.

La Masonería en aquellos años fue convirtiéndose en un refugio o en un lugar de encuentro al que acudían personas de ideales progresistas y avanzados, gentes que desencantadas por el asfixiante caciquismo, por la manipulación sistemática del voto, por el control que la Iglesia ejercía sobre las conciencias y por la corrupción y fraude que imperaba en muchos ámbitos de la vida pública, pretendieron e intentaron difundir sus ideas en pro de la secularización, el librepensamiento, la defensa de un sistema de instrucción laica, la necesidad de la formación de una verdadera ciudadanía responsable, etc., no tan sólo a través de los cauces normalizados e instituidos –es decir, a través de los partidos y, en especial, los republicanos–, sino también mediante otros canales, uno de los cuales fue la Masonería. Es en este sentido en el que creo que habría que contemplar y comenzar a estudiar a las Logias como un espacio privilegiado de lo que quizás, de manera muy génerica, podríamos denominar principios, valores, cultura y sociabilidad “republicana”.

Y es que la Masonería, con independencia de sus aspectos rituálicos, simbólicos y filosóficos, pero con una leyenda a sus espaldas de misterio y de secreto, parecía el lugar idóneo de refugio y encuentro de los verdaderos espíritus liberales. En los Talleres y en las reuniones masónicas era posible discutir y disentir libremente, pero también coincidir en cuestiones fundamentales; era el lugar donde se aprendían, se explicaban y se transmitían un conjunto de valores, basados en las ideas de libertad, tolerancia, fraternidad, democracia…, junto a unos principios morales identificados con lo progresivo y justo, lo civilizado y racional. Todo ello se vio favorecido además por la existencia de lo que podríamos denominar una relativamente importante sintonía ideológica entre algunos de los postulados asumidos históricamente por la Masonería, y algunos de los principios defendidos tradicionalmente por los sectores progresistas y de izquierdas en España, utilizando ambos términos, claro está, en su más amplia y vaga acepción. En todo esto además el anticlericalismo jugó también un papel muy relevante, pues a poco que se analice se observará que fue siempre uno de los escasos elementos de coincidencia, o de afinidad, asumidos por el conjunto de las izquierdas españolas, ya fueran éstas liberales, republicanas, socialistas o anarquistas.

Todo este complejo entramado organizativo, en el que coincidían y se entremezclaban los integrantes de los comités y Ateneos republicanos con los miembros de las Logias; los periódicos y sociedades de librepensadores con los asistentes a los mítines y actos de propaganda republicanos, se vino abajo como un inmenso castillo de naipes en un momento muy concreto: en torno a 1898. Este derrumbamiento no se produjo tan sólo por los enfrentamientos y divisiones entre las diversas familias y Obediencias masónicas, o por aquella intensa campaña de desprestigio que, organizaciones como la Masonería, sufrieron a manos de la prensa clerical y ultraconservadora, acusándola de ser poco menos que la responsable de la pérdida de los últimos restos del imperio colonial. En mi opinión el hundimiento de la Masonería hundía sus raíces en problemas más complejos y profundos, y en buena medida no fue sino un reflejo más de la grave crisis y de la disgregación que atravesó el republicanismo español en el tránsito del siglo XIX al XX.

En cualquier caso, en torno al 98 los cientos de Logias existentes en España fueron clausurando sus trabajos y “abatiendo sus columnas” una tras otra, hasta quedar reducidas a la mínima expresión. Una situación de casi paralización o de languidez de las actividades masónicas que iba a prolongarse al menos hasta 1917. Desde esa fecha, las intensas movilizaciones y el alto grado de efervescencia política y social que comenzaron a manifestarse en España a partir de aquel año, provocando la agonía del Estado liberal y pseudo-representativo de la Restauración, tuvieron, creo, bastante que ver en el incremento paulatino que comenzaron a experimentar desde entonces los cuadros de las Logias. En cualquier caso, fue sobre todo el golpe de estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923, y la consiguiente implantación de la primera dictadura española del siglo XX, la que creó las condiciones propicias para que la Masonería española, como si de una especie de ave fénix se tratase, remontase de nuevo el vuelo y protagonizase un nuevo florecimiento. Un ejemplo de lo que decimos podemos encontrarlo en esta misma localidad de Ronda, donde a partir de los años veinte comenzaron a instalarse nuevos Talleres masónicos, en concreto las Logias Giner y Gautama, herederas de la influyente Logia Fiat Lux, desaparecida a fines del XIX, y donde serían iniciados como masones un buen número de rondeños, algunos de los cuales ciertamente llegarían a alcanzar un destacado protagonismo en la política local durante los años treinta.5

Fue precisamente en este proceso de renacimiento masónico en el que alcanzó un sobresaliente protagonismo un sevillano, el líder republicano y masón Diego Martínez Barrio, posiblemente el miembro más destacado de la Masonería española en todo el siglo XX. Martínez Barrio siempre concibió el desarrollo de la Orden y la pujanza de las actividades masónicas como algo indisolublemente unido al porvenir democrático y liberal de España. De ahí su insistencia en que la Masonería se convirtiera en un lugar de encuentro donde confluyeran y, en la medida de lo posible, dirimieran y limasen sus diferencias lo que él llamaba los “espíritus liberales, democráticos y progresivos”. No se trataba exactamente, como quiso ver la mentalidad conservadora de la época y como aún hoy defienden algunos autores de libelos y panfletos, de convertir a la Masonería en una especie de oculto “poder secreto” que impusiera sus directrices a los partidos. Martínez Barrio era bastante más sutil que todo eso: su objetivo era intentar restaurar, a través de la Masonería, la cordialidad perdida, la paz y el consenso en los principios y fines esenciales defendidos por esos hombres de espíritu avanzado, que para él era casi tanto como decir por la gran familia republicana. Esa misión histórica, sin embargo, tampoco debía traducirse en intentar convertir la institución en una especie de club político, o en una organización de fines partidistas. Ahora bien, con esta sutil distinción Martínez Barrio estaba resucitando un problema de difícil solución no ya en el ámbito de lo puramente especulativo, sino sobre todo en el terreno práctico; un debate que en realidad siempre había acompañado a la historia de la Masonería en España. Esto es, ¿dónde situar el límite entre el compromiso y la militancia política?. O en otras palabras: ¿donde terminaba para un buen masón –y para la propia institución– la defensa de los ideales democráticos y progresistas, y dónde comenzaban las actividades puramente políticas y partidistas?. ¿Realmente era posible establecer una clara y diáfana línea divisoria?…

En cualquier caso, fue sin duda durante los años veinte, en plena Dictadura y a pesar de las ocasionales persecuciones de las que fue objeto la Masonería por el régimen primorriverista, cuando las Logias comenzaron a llenarse de nuevos prosélitos, atrayendo a un número considerable de jóvenes idealistas y de gentes simpatizantes con lo que entonces se llamaban “las izquierdas”. Gentes que, con independencia de sus diferentes adscripciones ideológicas, políticas y partidistas, coincidían en una serie de ideas y aspiraciones comunes, y coincidían sobre todo en la idea de que era necesario hacer todo lo posible para acabar con la Monarquía, una institución que –desde su particular punto de vista– no sólo había entronizado en España un sistema político corrupto, sino que había condenado a los españoles al atraso, la barbarie, la incultura y el oscurantismo en todos los órdenes de la vida ciudadana, entregándolo a la tutela omnipresente de los frailes y los curas; a un poder clerical, sostén ideológico de los poderosos y que los masones identificaban con el “jesuitismo”, su bestia negra particular, al igual que la Masonería acabaría convirtiéndose en el enemigo público número uno de la España católica, tradicional y conservadora.

Durante los años veinte en las Logias fueron iniciados como masones muchos de quienes, a partir de abril de 1931, formaron parte de los gobiernos, los ministerios, las Cortes, los Ayuntamientos y las nuevas instituciones políticas de la Segunda República española, nutriendo con su presencia los cuadros directivos de los principales partidos republicanos. Cientos de masones pasaron a desempeñar importantes cargos públicos en aquella primera democracia española, aunque creo que, en general, no por el hecho de que la Masonería los hubiera colocado ahí, sino más bien por la militancia y el protagonismo que estas personas venían ejerciendo desde hacía bastantes años al frente de sus respectivas organizaciones.

Pero en aquella coyuntura cargada de ilusiones y esperanzas que para la mayoría de los españoles significó el advenimiento de la Segunda República, muchos miembros de la Orden pensaron que ya había pasado el tiempo de filosofar, de debatir en sus Logias sobre lo divino y lo humano, y que había llegado la hora de intentar hacer cosas; de introducir reformas desde unas instancias de poder a las que habían sido aupados por la fuerza de los votos de sus conciudadanos. Y fue justamente aquí donde entraron en colisión las ideas y los posicionamientos de unos individuos que, a título personal eran masones, pero que pertenecían a partidos y organizaciones con aspiraciones, sueños y proyectos muy diferentes y, en algunos aspectos, radicalmente antitéticos. Como antitético era lo que representaban y los valores e intereses que defendían en la España de los años treinta un anarquista, un socialista, un comunista, un republicano “burgués” de centro-izquierda, un nacionalista catalán o gallego, o un republicano moderado seguidor de Lerroux o de Alcalá-Zamora.

En el parlamento y en las altas esferas de la política nacional, pero también en el plano local, estas diferentes perspectivas, proyectos y sensibilidades se tradujeron en una cosa: en enfrentamientos entre las fuerzas que habían hecho posible en abril de 1931 la llegada de la democracia. Y en lugares donde existía además una Logia o un Triángulo masónico lo que ocurrió fue que la convivencia entre sus miembros fue deteriorándose, hasta hacerse cada día más problemática y más difícil. Todo ello daría lugar a una grave crisis en el seno de la propia institución, una crisis que contrasta vivamente con esa imagen que tenemos aún de la Segunda República como la etapa de máximo esplendor de la Masonería en la Historia de España.

Crisis de la Masonería que queda ocultada por el brillo y el protagonismo que tantos y tantos masones alcanzaron en la vida pública de aquellos años, pero que se manifestó en la práctica en múltiples aspectos. Por ejemplo, en el tremendo absentismo en la asistencia a las tenidas masónicas, una consecuencia derivada del hecho de que durante los años treinta una parte muy considerable de los masones españoles, por no decir la mayoría, priorizaron de una manera clara su dedicación a la política sobre sus obligaciones y trabajos como masones..

Crisis de la Masonería en la Segunda República derivada además de lo que podríamos llamar la propia dinámica política del período, y que situó a los masones en posiciones muy enfrentadas en virtud de su adscripción a partidos y organizaciones antagónicas. Piénsese, por ejemplo, en los enfrentamientos entre radicales y socialistas durante el primer bienio; en el desgarramiento interno que conoció el radicalismo a partir de 1934, una vez consumada la escisión del grupo encabezado por Martínez Barrio; o recuérdese la lucha a muerte que, en ocasiones, protagonizaron las organizaciones obreras contra los partidos y las instituciones republicanas, para comprender correctamente los enfrentamientos, las polémicas, las pugnas y las escisiones que, a tenor de la documentación conservada, se vivieron en tantas Logias entre 1931 y 1936.

Pero además y para desgracia de los propios masones, este doble compromiso o, si se quiere, doble militancia –política y masónica– que tanto utilizó la derecha española para desacreditar al régimen nacido el 14 de abril de 1931, cristalizó en plena guerra civil y durante el régimen de Franco en la elaboración del mito del «contubernio judeo-masónico-comunista», una idea en realidad simplista donde las haya, pero que en su momento cumplió perfectamente su cometido de explicación “justificadora” de la necesidad de un “glorioso alzamiento salvador de la patria”...

Esto ha sido así porque tradicionalmente la derecha española, y posteriormente el general Franco y sus incondicionales, llegaron a autoconvencerse de que toda la política desarrollada en nuestro país durante la Segunda República era, simplemente, la aplicación meticulosa de un siniestro plan trazado por unos oscuros “Poderes Secretos”, cuya única finalidad parecía ser la aniquilación del alma de la “verdadera” España… En el ambiente radicalizado de los años treinta y ante una realidad percibida como hostil y amenazadora para sus valores, intereses y creencias, las derechas españolas se mostraron incapaces de analizar racionalmente esa realidad, sustituyéndola por una interpretación maniquea basada en el convencimiento de que existía un inmenso “complot” o “contubernio” contra España, cuyo brazo ejecutor eran los terribles y siniestros masones. De esta manera y a los ojos de una parte considerable de la sociedad española, la Masonería se convirtió en la responsable de todos sus males y desgracias, en sus “judíos” o sus chivos expiatorios particulares: en suma, en el supuesto “Mal” que era necesario aplastar y aniquilar para destruir el poder de la “Anti-España”.

Todo esto, en mi opinión, es lo que nos indica a voces la documentación si uno se preocupa de abordar en profundidad lo que ha sido el verdadero problema de la historia de la Masonería en nuestro país. Un problema que no radica en si los masones creían en Dios o dejaban de creer, en si utilizaban tales o cuales rituales, sino en su proyección, y lo que algunos llamarían “injerencia”, y otros preferirán quizás llamar “preocupación”, por el futuro y el rumbo de la vida política, de la vida social, y por la difusión de determinadas corrientes de pensamiento en nuestro país. Creo que no debería existir ningún inconveniente en reconocer que la Masonería, las Logias y los masones, como individuos y como institución, en determinados momentos han hecho “política” en nuestro país. Porque política, como dirían los antiguos griegos, no es más que todo aquello que afecta a la vida de la “polis”, a la vida de la ciudad, a las preocupaciones de los ciudadanos. Porque hacer o preocuparse por los asuntos públicos, por la política, es algo natural en todo ser humano que se siente parte de una comunidad.

Lo que debemos preocuparnos, pienso, es de intentar interrogarnos sobre el por qué de las cosas, intentando sustituir por conocimiento aquellas visiones e interpretaciones que, como en el caso de la Historia de la Masonería, han estado entre nosotros casi siempre marcadas por los mitos, los cuentos y las simples leyendas.

* * *
No quisiera terminar esta intervención sin leerles algunas palabras pronunciadas por un personaje en cuya biografía vengo trabajando desde hace años, el sevillano don Diego Martínez Barrio. Un personaje que, en mi opinión, luchó como pocos por hacer realidad aquella República soñada por tantos españoles, demócratas a fuer de liberales y que, como él, fueron también miembros de una institución respetada en todo el mundo civilizado: la Orden del Gran Arquitecto del Universo. Se trata de unas palabras pronunciadas en 1924, en su primer mensaje como Gran Maestre de la Masonería andaluza. En aquella ocasión don Diego, que dejó de asistir a la escuela cuando apenas contaba 11 años, empezando a ganarse la vida como aprendiz de panadero, se dirigió a los masones de su jurisdicción con las siguientes palabras:

“Hermanos Míos:
A raíz de la terminación de la Gran Guerra, algunas minorías humanas de las que a sí mismas se proclaman rectoras del pensamiento universal, declararon el fracaso de todos los principios políticos y sociales animadores de la civilización en el siglo XIX. Lanzóse entonces fuera de la circulación de las ideas modernas a las de libertad y democracia, considerando que la igualdad social podría fundarse en una nueva concepción del Derecho que robusteciera, a beneficio de la clase dominante, el poder centralizador del Estado.
Fruto de esa concepción materialista del gobierno humano fueron dos regímenes paralelos, aunque al servicio de clases distintas: el de Rusia y el de Italia. Pareció durante unos meses que la cultura y la civilización del mundo iban a perecer en estas sirtes, colocadas de un lado cerca de los pueblos orientales, sumidos todavía en el sopor de su decadencia ultramilenaria; de otro en el centro mismo de la vida de Occidente, cuyo desarrollo acababa de sufrir tan rudo golpe en los campos de guerra.
Por un fenómeno de mimetismo, harto explicable, las muchedumbres abominaron de los principios democráticos, corriendo tras la eterna ilusión de una salvación en masa, sin previas depuraciones individuales; y a lo largo de todas las calzadas del espíritu universal se profirieron gritos de abominación contra la democracia, la libertad y los derechos proclamados por la Revolución Francesa […]
Pero nosotros, hermanos míos, en la vida nacional tenemos también, y sin resolución victoriosa aún, nuestro problema. El odio al liberalismo ha echado fuertes raíces dentro de la Patria […] No debemos hurtarnos, por tanto, la triste verdad de que ese odio a la libertad ha ganado parte considerable de la opinión española. Es de mal tono defender el liberalismo y el humanismo. Los principios democráticos y liberales exigen teóricamente, y para los hombres de verticalidad moral prácticamente, sacrificios y limitaciones que contrastan con la laxitud de las escuelas adversarias, que exaltando el libre juego de la personalidad o del Estado reducen considerablemente los deberes de cada hombre para con sus semejantes. La libertad es además contradicción y responsabilidad; lo fundamentalmente opuesto a la holgazanería de quienes buscan en el Estado-providencia o en el sindicato-providencia órganos excepcionales que les libren de la cooperación y servicio públicos.
Todo ello, queridos hermanos, supone un considerable recargo a nuestra labor. Universalmente hay que unir el esfuerzo de la masonería española a aquel otro de las restantes masonerías, tan abnegado y tenaz. Nacionalmente nos incumbe desembarazar los caminos, dando salida y expansión a las ansias subyacentes en los núcleos vitales de España, o, por mejor decir, en lo que queda dignamente de España […]
El cumplimiento de estos deberes está cercano. Fácil será la preparación para cumplirlos si la Asamblea cuenta con la abnegación de todos.
La mía nace de la convicción y del honor del cargo, y yo os digo que en la obra de organización y de combate no he de ceder a ninguno lo que a mi deber corresponda. Por seguro tengo que al fin de la jornada la Historia se escribirá en honor nuestro, y la Patria y la Humanidad quedarán satisfechas…”
6

Unos años después de pronunciar este discurso, en los primeros tiempos de aquella democracia recién conquistada que pretendió ser la Segunda República española, Martínez Barrio resumiría a sus hermanos masones gallegos lo que para él constituía la principal virtud de la Masonería, de aquella institución a la que él tanto se honraba en pertenecer. En un mensaje a la Logia Pensamiento y Acción, fechado en marzo de 1933, el Gran Maestre Nacional del Gran Oriente Español escribió lo que sigue:

“Venerable Maestro y Queridos Hermanos:
Es para mí una singular satisfacción saludar a esa Respetable Logia en el momento de su incorporación oficial al Grande Oriente Español, tanto más cuanto que ahora se precisa esencialmente el esfuerzo de todos para consolidar la obra de progreso que en anteriores etapas hemos desarrollado.
Una virtud masónica conviene que no olvidéis en vuestros trabajos: la de la tolerancia; y otra tenéis la obligación de practicar sin desmayo: la de la fraternidad.
El mundo, y en nuestro mundo, España, es por demás intolerante. Cada hombre, dueño de una verdad, quiere monopolizarla e imponerla como si fuera la verdad única. La intolerancia es incomprensión y limitación. Saber que en todas las almas hay una chispa de la ciencia divina y que todas concurren al fin último de la perfección universal pone en el camino de comprender al prójimo, de disculparlo y de amarlo. Quien no sienta la virtud de la tolerancia, cuéntese como un extranjero en el hogar de la Masonería.
A su vez, el masón ha de cultivar los principios de fraternidad. Amar a los que nos aman, resulta fácil; hay que amar, o disculpar al menos, a los que no nos aman. El mundo vive espoleado por el odio y es necesario cambiarle de signo. La salvación está en la fraternidad, y cuando ella se logre, en su superación, que es el amor.
Que esa Logia “Pensamiento y Acción” emplee los suyos y la suya en el servicio de estos postulados es mi deseo. Así contribuirá a la obra singular que el destino nos reparte y de cuyo éxito depende, en lo que a nosotros se refiere, el feliz progreso de España.
Recibid, Venerable Maestro y Querido Hermanos, un triple abrazo fraternal de Diego Martínez Barrio”7

Testimonios como los de Martínez Barrio me hacen pensar que ese binomio masonería-política ha tenido en la reciente Historia de España una importancia y ha alcanzado unas derivaciones que la mayoría de los historiadores no hemos sabido aún reconocerle. Y por eso pienso que es necesario seguir estudiando y profundizando en esa realidad de nuestro pasado, aunque sólo sea porque una de las principales funciones de los historiadores no sea otra sino la de intentar sustituir los mitos por conocimiento. Por eso y porque tal vez, como escribiera Dilthey, en el avance continuo del conocimiento, y en la conciencia de la relatividad de toda clase de creencias, esté uno de los pasos finales hacia la plena emancipación y libertad del ser humano.

1 “«El nuevo régimen. La República es nuestro patrimonio», en Boletín Oficial del Supremo Consejo del Grado 33 para España y sus dependencias, Madrid, nº 396 (junio de 1931), pp. 1-3.
2 Lugar citado. También la Obediencia minoritaria, la Gran Logia Española (GLE) en su saludo a la República exhortó “a los francmasones que integran el Gobierno Provisional, al alto personal, compuesto, asimismo, y en su mayoría, de hermanos” que fueran “leales custodios de esos caudales morales que se les confían y que por la República hagan la ventura de España...” Véase «Saludo a la República», en Boletín Oficial de la Gran Logia Española, Madrid, nº 8 (primer semestre de 1931. Segunda Época), pág. 1.
3 El número de diputados-masones en las Cortes republicanas difiere según los cálculos realizados por distintos autores. Según nuestros datos, se aproximaron a trescientos los escaños ocupados por diputados pertenecientes a la Masonería en las tres legislaturas republicanas. Puede consultarse al respecto: FERRER BENIMELI, J.A.: «La Masonería y la Constitución de 1931», Cuadernos de Investigación Histórica, Madrid, nº 5, 1981, pp. 217-274; GOMEZ MOLLEDA, M.D.: La Masonería en la crisis española del siglo XX, Madrid, Taurus, 1986; CRUZ OROZCO, J.I.: «Los diputados masones en las Cortes de la II República (1931-1936)», Actas del III Symposium de Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 1989, vol. I, pp. 123-188, etc.
4 Lo expuesto a continuación constituye un resumen de cuestiones tratadas por el autor en otros trabajos, a los que remitimos para un análisis más detallado. Véase al respecto ÁLVAREZ REY, L.: Aproximación a un mito: masonería y política en la Sevilla del siglo XX, Sevilla, Ayuntamiento, 1997, 366 páginas; “Masonería y política en la Segunda República: algunos datos sobre Andalucía”, en Varios Autores: Masonería, prensa y opinión pública en la España contemporánea, Sevilla, Ayuntamiento, 1997, pp. 99-138; “La Masonería en Sevilla: entre el compromiso y la militancia política (1900-1936)”, Actas del IV Symposium Internacional de Metodología Aplicada a la Historia de la Masonería española, Zaragoza, 1990, tomo II, pp. 227-262; “Un espacio de sociabilidad: la Masonería en Cádiz entre el 98 y la guerra Civil”, en Sánchez Mantero, R.: En torno al 98. Actas del IV Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, Huelva, Universidades de Sevilla y Huelva, 2000, Tomo I, pp. 479-501; ALVAREZ REY, L. y FERNANDEZ ALBENDIZ, M.C.: “La Masonería española y América”, Actas del II Congreso Internacional de Hispanistas, Málaga, Ed. Algazara, 1988, pp. 281-300; ALVAREZ REY, L. y otros autores: “Elites políticas en Andalucía y Masonería en la Segunda República”, Actas del X Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 2004, tomo II, pp. 935-1004, etc.
5 Véase el Anexo que incluimos al final de estas páginas.
6 Mensaje del Gran Maestre de la Gran Logia Simbólica Regional del Mediodía de España a todos los Talleres, Triángulos y masones de su jurisdicción (1924), en ARCHIVO GENERAL DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA (Salamanca), sección Masonería, Legajo 681-A. 7 AGGCE, sección Masonería, Leg. 97-4-4, citado por J.A. FERRER BENIMELI, El contubernio judeo-masónico-comunista, Madrid, Istmo, 1982, pp. 376-377
7 AGGCE, sección Masonería, Leg. 97-4-4, citado por J.A. FERRER BENIMELI, El contubernio judeo-masónico-comunista, Madrid, Istmo, 1982, pp. 376-377.